Este mes de febrero se nos ha pasado en un vuelo, entre la tarea cotidiana, tanta crisis, tanto trabajo y tanta lluvia.

No me quejo, no vayan a pensar mal. A mi la lluvia me gusta, es un resabio que me queda de unos años vividos en Galicia cuando niña. Y además este año la estoy llevando mejor que otros, quizá porque se ha establecido como una rutina más. Y luego está el regalo de los días que el sol asoma un rato y la atmósfera contaminada de este Madrid nuestro amanece limpia y radiante como… pongamos como la ropa de estreno (que lo de las novias está un poco pasadito). Como si fuera el cielo de un Madrid antiguo, imaginado, sin coches.
Febrero se ha pasado volando quizá porque, como esas imágenes envueltas en tonos medios de grises suaves, todo queda atrapado en esa monotonía un poco melancólica un poco dulzona.

Pero bueno, a lo que iba. Seguimos por aquí y estamos preparando el traslado procesional de la Cúpula, como colofón y fiesta final de este ciclo del Solar, antes de que entre definitivamente el Ayuntamiento. Lo que pasa es que el tiempo no acompaña y dudamos si hacerlo porfiando a la lluvia o si debemos aguardar un poco a que escampe. La convocatoria estará pronto aquí colgada.

También está en preparación el siguiente capítulo con el Sistema Constructivo utilizado en la realización de la Cúpula. Espero que estará en… ¿una semanita?

Pues eso, estamos pensado :)

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