Ya en el año 2001, en una revista caminada organizada por gentes de la Red de Lavapiés y El Labo, nos decíamos que los solares eran una oportunidad en una ciudad perdida en la sobreexplotación especulativa del territorio. Visitamos e hicimos acciones en varios de los solares que entonces había en Lavapiés.

solar de olivar lavapiés


¿Por qué un solar?

En la ciudad incluso el subsuelo tiene propiedad y puede ser fuente de beneficio privado. Lo público se restringe, se deteriora: es secundario frente al lucro privado. El uso de lo público está hiperregulado. Quien está en la calle (fuera de los nichos del consumo autorizado/obligatorio) genera desconfianza, porque parece desposeíd@ en una ciudad de propietari@s. El lugar público es lugar de paso, nada amable, poco relacional. No siempre fue así, no tiene por qué ser así: el espacio público también sirve para construir el común: comunicar, socializar problemas y soluciones, organizar la vida en común.
Tras muros y verjas hay espacios que pueden ser públicos, pero son privados; que pueden ser parques, pero son escombreras; que pueden ser útiles, pero viven en el abandono. El aprovechamiento, incluso temporal, de estos espacios permite reinventar la vida urbana.

Se trata de recuperar el espacio público donde la especulación y la falta de iniciativa sólo ve lucro o vacío: sin aplazamientos, ahora.
En edificios, en plazas…,
en solares.

¿Por qué Olivar 48-50?

En octubre de 2003, el último Labo había sido desalojado, y la posibilidad de encontrar otro edificio válido era mínima. El Ayuntamiento de Gallardón se negaba a dar una solución. Entonces, encontramos la posibilidad de entrar en Olivar 48-50: era una parcela bloqueada, a pesar de que estaba destinada a ser un equipamiento público. Pensamos en estimular ese desarrollo (¡cada vez que entramos en un lugar vacío, aparecen mil planes urgentes sobre él!) a la vez que experimentábamos un nuevo lugar de encuentro y actividad social: equipamiento público reapropiado, autogestionado. Un experimento loco, como otros, una anomalía.
Éramos gentes de los Labos y de la Red de Lavapiés, desalojad@s, nómadas obligad@s, pero no resignad@s. Primero fue el labo en el exilio. Más adelante abandonamos la etiqueta labo: en el solar no podía ser, teníamos que pensar de nuevo.
Lo hicimos.

En estos seis años, 2003-2009

En estos seis años, se fue gente (incluso del barrio: la rehabilitación resultó una forma de selectividad económica), vino otra, cambiamos, aprendimos y lo pasamos bien y mal, tratando de adivinar los límites y la capacidad de habitar
un solar en Lavapiés.
Demostramos más interés en desarrollar el equipamiento público que el propio ayuntamiento; ahora este promete hacer aquí una escuela infantil: era su obligación desde hace años.

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